domingo, 24 de julio de 2011

LA PUERTA DE ALMERÍA QUE NUNCA EXISTIÓ.





Artículo de José Luis Ruz Márquez, publicado en La Voz de Almería, 14 enero 1995.

LA PUERTA DEL MAR QUE NUNCA EXISTIÓ.  HISTORIA DE UNA MENTIRIJILLA

      "De como el mar subió 600 metros sobre su nivel, o como la ciudad de Toledo bajó a bañarse a la playa de Almería.
  Así poco más o menos, hubiera titulado un viejo cronista la descripción irónica de cuanto yo pretendo relatarles ahora. Se trata de la ya popular estampa que titulan La Puerta del Mar de Almería, hasta la saciedad ilustradora de hogares, establecimientos y publicaciones. Una puerta que nunca fue de Almería y que jamás vio el mar sino en sueños.
Cuantas veces la veo me pregunto si me asiste derecho alguno a desilusionar a cuantos utilizan este bello dibujo y al final he pensado que contribuir con el silencio a su mantenimiento ni es mentira piadosa ni cuestión vital ni importante y me he decidi­do a hacer este comentario, convencido de que con él contribuyo a dar al almeriense una medida más realista de su pasado, mo­desto -después y aún antes de tener a Granada por su alquería, tal como reza el consola­dor dicho popular- y poco monumental en lo arquitectónico.
A cuantos hemos escudriñado en el pasado de nuestra capital siempre nos había asaltado la duda. Bastaba la mirada atenta a los detallados planos de la ciudad coetáneos con el dibujo en cuestión, datable en 1837, para inclinamos a ella. Por aquella época la primitiva muralla árabe había des­aparecido y la que conservaba era la que corría de la Alcazaba a San Cristóbal-Puerta Purchena-Paseo-Parque y subía a la .misma fortaleza. Y este recinto solo abría hacia la playa una puerta: la conocida como del Mar.
Comparada ésta con la del dibujo se ob­serva una absoluta falta de correspondencia entre las plantas de ambas: la puerta de los planos no quiebra la línea de muralla, que es lo que hubiera ocurrido de haber estado allí la puerta del dibujo que nos ocupa.
Muy pocos años después toda aquella muralla del Mar fue demolida, como lo fue en el Paseo y en cuantas zonas su superficie se prestaba a la especulación, pues sólo la pobreza logró salvar y transmi­tirnos las torres de San Cristóbal y de la Chanca. Aún explicándose la avidez por los solares generados, sería impensable la impasibi­lidad ante el derribo de aquella bellísima cons­trucción, superior a las torres del Cuarte y Serra­no en Valencia y sólo equiparable a la toledana Puerta del Sol. E impensable del todo que entre la legión de románticos venidos a curiosear por Andalucía, sólo hubiese puesto sus ojos en aque­lla hermosura un único pintor: el gallego Genaro Pérez Villaamil. Inexplicable.
Y es que el dichoso dibujo no repre­senta otra cosa que la célebre Puerta del Sol recinto fortificado de Toledo, en una libre ver­sión del artista quien con ánimo de divertirse se llevó el Mediterráneo y sus gentes a las mismas puertas de la Ciudad Imperial. Para ello recurrió a algunas modificaciones. Amén de la exageración dimensional dada al monumento buscando grandiosidad, como buen romántico que era, añadió a la torre un cuerpo, el señalado con una A en la ilustración que acompaña estas líneas. Quitando el referido cuerpo, algunos detalles ornamentales, el agua y la escena formada ante ella, la torre es estructuralmente idéntica a la original toledana. Hasta el sencillo torreón que se dibuja en un velado segundo plano, tiene su traducción toledana en la Puerta de los Alarcones, otra dificultad más para cuantos intentaran la toma de la fortaleza que antaño constituía Toledo.
El cuadro original, base de la lito­grafía que lo popularizó, fue presentado por Villaamil en la Exposición de la Academia de Nobles Artes de Madrid el año 1838 y lo tituló Fragmento interesante de fortificación árabe y estaba tomado, con algunas modificaciones (...) al natural de la Puerta del Sol de Toledo; el pintor animó el trabajo con varios faluchos, tartanas y otros géneros de barcos del Medi­terráneo así como las figuras de los pescado­res marineros y gentes de campo (...) para -decía el cronista de la muestra artística- dar una idea de carácter distintivo del aspecto trajes de los naturales de aquellas costas (...) del medio día de la España. Y en verdad que el atinado pincel del autor realizó con el acierto propuesto, la versión playera de tan serio monumento castellano.
Pero ¿cuándo pasa este dibujo a tomar carta de naturaleza almeriense, hasta el punto de lograr casi un título no ya de hijo adoptivo, sino de predilecto de nuestra ciudad?
En 1842 la casa de Alberto Mauser, co­mienza a publicar en París la obra cumbre de Villaamil: La España artística y Mo­numental... .
Cuando en 1850 se dio fin al trabajo -litografiado por artífices franceses, que pusieron de su cosecha aún mayor grandio­sidad y fantasía- se había logrado una magnífica colección a gran tamaño de los monu­mentos más notables del país, un bello álbum  que no tardó en dar a conocer al artista en una Europa ávida de romanticismo y que tenía a España por parienta enigmática.
En portada se puso el dibujo que comen­tamos, elegido por su autor por ser la única vista que no obedecía totalmente a la reali­dad, que no pertenecía a una determinada ciudad, neutral fantasía presentadora de la colección.
Y así quedó, hasta que un siglo más tarde algún paisano -de esos que creen que los demás nos creemos que los pájaros maman- endosó esta hermosa criatura de Villaarnil a la ciudad de Almería, con cuyo aire oriental casaba a la perfección... y como el dibujo resultaba bonito y barato y además alagaba el ego del almeriense por su gran­diosidad, comenzó a propagarse con éxito creciente y hoy La puerta del Mar de Almería constituye una mentirijilla que a punto está de convertirse en verdad de tan repetida.
Ojala que de aquella jornada de baño nos hubiera dejado Toledo semejante re­cuerdo. Nosotros le hubiéramos correspondido con cualquier cosa, salvo -por comprensible razón de supervivencia- con llevarle el mar allí. Pero Villaamil, sin saberlo, se encargó de hacer posible con su fantasía ambas cosas.
José Luis Ruz, Consejero del Instituto de Estudios Toledanos."




Queda prohibida la reproducción del texto sin expreso consentimiento del autor.













No hay comentarios:

Publicar un comentario